Tomar una fotografía no sólo requiere de una acción tan simple como presionar el botón “flash” o “go” de cualquier cámara. Esto sólo sirve para poner en funcionamiento todos los mecanismos y sensores digitales internos de ésta, a fin de capturar una imagen en un tiempo determinado, con ciertas características de iluminación, etc.
Tomar fotografías es más que presionar un botón, esto requiere sólo del 1% o el 2% del tiempo y del esfuerzo. Por otra parte, el 99% o 98% restante requerirá, en algunos casos y dependiendo del contexto, de cierta anticipación y preparación para capturar ese instante que quedará marcado dentro de la memoria interna de la cámara fotográfica y de los recuerdos icónicos del espectador.
Podríamos comparar esta situación con la siguiente pregunta, ¿Cuál es el paralelo existente entre un fotógrafo y un cazador? La respuesta podría parecer muy simple: el cazador presiona el gatillo y la tracción de dicho gatillo es análoga a la pulsación del botón de una cámara fotográfica. Sin embargo, el cazador “dispara” un pequeño misil o una bala, mientras que un fotógrafo debe establecer algunos parámetros de iluminación de la imagen para captarla de forma real, antes de “presionar el gatillo”.
Un fotógrafo debe hacer un “cálculo” muy artístico del contexto y de la imagen que desea obtener. Esto poco a poco ha dejado de ser un problema, ya que en el mercado existen modernas cámaras digitales para diferentes propósitos, fáciles de usar, y que permiten a los fotógrafos concentrarse más en la estética de la imagen que en la mecánica de presionar un botón, a diferencia del “cazador”.
Los objetivos entre ambos podrían parecer similares: un cazador obtiene una presa, un fotógrafo obtiene una foto, pero la ejecución y las herramientas son las que marcan la diferencia. En cuanto al producto, el cazador utilizará la presa con un determinado fin, el fotógrafo pretende conservar sus fotos en la memoria de su cámara o plasmarlas en un fóto-álbum.
If you enjoyed this article please consider sharing it!
